Hoy es acción de gracias. Una fiesta que curiosamente ni hemos importado ni tenemos pinta de querer importar (imagino que la razón es que el pavo no nos llama mucho la atención, somos más de comer gambas y cerdo).

Sin embargo, me parece estupendo poder dedicar un día a dar las gracias. Sois tantas las personas que ilumináis mi vida, que la hacéis única que no quiero nombrar a nadie por riesgo a dejarme a alguien en el tintero. Gracias, gracias, gracias…

Me gustaría tanto daros las gracias por todo lo que hacéis por mí, pero me faltaría saliva, me faltarían días, me faltarían horas para hacerlo.

Pero gracias, así que este es mi particular acción de gracias.

Sin vosotros no sería nada.

Gracias
'universal thank you note' photo (c) 2010, woodleywonderworks - license: http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
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'Loneliness' photo (c) 2009, Abie Sudiono - license: http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/ De todos los monstruos que acechan mi existencia, el Miedo es sin lugar a dudas el que más influencia ejerce sobre mi.

Supongo que lo contraje como se contraen los virus, así, sin darme cuenta y lo he ido incubando lentamente.

El Miedo es paciente, no tiene prisa, sabe que puede destruirte, que va a cobrarse a su víctima, así que no tiene porque apresurarse. Lenta, muy lentamente el Miedo se come tus sueños, tu autoestima, tu vida.

Uno no se da cuenta de lo enfermo que está hasta que una mañana se mira al espejo y ve al Miedo en sus ojos.

Cuando te das cuenta, el Miedo se ha comido tus amistades y a una parte de ti.

Hay quien opina que existe una cura para el Miedo.

Discrepo.

El Miedo es una enfermedad crónica. Se puede luchar contra ella, pero tarde o temprano se pierde la batalla. La solución depende en gran medida de un enfermo demasiado aterrorizado para ser capaz de intentarla.

El Miedo tiene muchas caras; el Miedo tiene muchas más máscaras.

El Miedo tiene estrategias. 

El Miedo tiene muchas victimas.

El Miedo avergüenza.

El Miedo siempre gana.

El Miedo cuando llega no deja pasar a los sueños.

El Miedo me ha vencido.
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No sé si sabeis que el poquisimo tiempo libre que tengo lo dedico a ser voluntaria. Así que quiero presentaros e invitaros a visitar el blog de Cruz Roja de Úbeda. 


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Hace un tiempo escribí esto para El bazar de los locos... Así que hoy que he vuelto a encontrarme esto por casualidad, he querido traermelo a casita. Si tienes tiempo, te recomiendo que te pases por aquí y aprendas tanto como aprendí yo sobre Twitter gracias a grandes locos.

Se puede decir que Twitter es una máquina que permite metamorfosearse a cualquiera… o no. La diferencia entre el número, entre la persona que camina por la ciudad y la que twittea es nula y al mismo tiempo se puede decir que es toda: Porque a la persona en Twitter se la escucha… o bueno, vamos a ser exactos… se la lee.
Pongamos un ejemplo. Si yo me levantara una mañana y saliera a la plaza de un pueblo y gritara: ¡¡Buenos días!! los vecinos pensarían que estoy loca. Si ese mismo día, me pusiera a recomendarle música a un viandante, hablara sobre las noticias con otro, le preguntara sobre su vida a un vecino y acabara deseándole buenas noches a la ciudad, con gran probabilidad en poco tiempo acabaría luciendo una bonita camisa blanca en un lugar de paredes blandas. Y sin embargo, esas son algunas de mis actividades cotidianas en Twitter.
Para entender esta jaula de grillos, es necesario comenzar por el principio. ¿Qué es un tweet? Se supone que es un mensaje respondiendo a la pregunta ¿Qué estás haciendo? Párate a pensar, ¿cuándo fue la última vez que alguien en la vida real te hizo esa pregunta… y espero a que le contestaras demostrando interés en tu respuesta? Y es que partiendo de la base de que cualquier cosa que escribas en Twitter no le interesa a nadie, siento romper tus ilusiones, es prácticamente increíble que alguien te siga.
Y contra todo pronóstico, la gente te sigue e interactúa contigo. Si le deseas buenos días a tu timeline, alguien te contestará seguro, y te recomendarán música, y te hablaran de esos temas que se evitan por no ser políticamente correctos en la vida real, y poco a poco, irás volcando una parte de ti en Twitter: Te olvidarás de estar solo, conducirás en el coche pensando esos fantásticos mensajes en 140 caracteres que nunca llegarás a postear, uniras tu cuenta a otros servicios y la gente sabrá lo que lees, lo que escuchas, lo que ves… Twitter se convertirá en una parte de ti, es más, todo aquel que no twittea te dirá que es un vicio y te mirará como un bicho raro. Twitter se habrá comido una parte de ti.
Y un día caminarás por la calle, subirás una escalera o entrarás a clase y no tendrás un teclado (ni un smartphone) delante. De hecho, no irás pensando en Twitter sino en ese otro monstruo que se come una gran parte de ti cada día y que se llama rutina y uno de aquellos que te sigue, y no sabes muy bien porqué… te reconoce. Si increible es poder quedar para desvirtualizar a alguien, desvirtualizar a alguien por casualidad es un regalo. Y comenzarás a hablar en mucho más que en 140 caracteres, y entonces comprenderás toda la realidad:
Twitter no se ha comido ninguna parte de ti. Es más, te ha hecho poder descubrir partes que no habrías visto nunca de no ser por él. ¿No me crees? La identidad de una persona no se caracteriza por lo que uno ve de si mismo, sino por lo que los demás perciben sobre esa persona. Y Twitter permite que te reflejes en miles de espejos pequeños al mismo tiempo que te muestran como eres desde muchos puntos de vista simultaneametne.
Soy un número sin rostro cuando entrego un examen, tengo un nombre compuesto en el DNI, la gente me llama por un par de silabas. Soy uno más, con sueños, con miedos, con aspiraciones… uno más de los que deambulan por cualquier lugar. Sin embargo, en Twitter soy algo único… soy @vimpela.


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'Tirita' photo (c) 2009, Fernando  Chica Rodriguez - license: http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/
Por mucho que uno se mentalice, por mucho que uno sepa que va a llegar… hay momentos en la vida que cuando llegan, te rompen por dentro.
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