26


Los 25 son, ante todo, una edad traicionera. Es una edad en la que la gente a tu alrededor se empeña en decirte que eres joven, tú te sientes mayor y el mundo corre. Y tú tienes la sensación de que no es así.
            Supongo que a los 25 uno todavía es joven y si el mundo no se mueve no es sólo porque uno no valga mucho, sino porque uno ha tenido la suerte de la inoportunidad.
            A los 25 la gente no se cree que uno tenga crisis existenciales. Pero las tiene. Y uno se cuestiona su presente y su futuro y se lamenta del pasado.
            A los 25 supongo que me llegó la resignación y una serenidad que no sé hasta que punto es buena.
            No todo ha sido malo con los 25. Porque también han llegado potentes descongeladores a mi vida: los niños del hospital, las eternas conversaciones, los mensajes de whatsapp… las increíbles personas que hay detrás de cada uno de ellas.
            Pero ha llegado el momento de cerrar ese libro y comenzar uno nuevo… al fin y al cabo, hoy cumplo 26. 

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Una de las cosas que más sorprende a quien entra a mi dormitorio (o a mi zulo) es la cantidad de cositas que hay: peluches, muñecos, postales, dibujos… Mi madre (y no sin razón) siempre me dice que muchas veces lo ve como un mercadillo.
Sé que lo lógico sería meter muchas de esas cosas en una caja, subirlas al desván y que se las comiera el olvido, pero no quiero. Porque cada cosa que guardo está ahí porque es un trocito de alguien. Es idiota, y sinceramente no necesito nada para acordarme del as personas a las que quiero (que soy materialista, pero hasta un punto) pero, si alguien gastó su dinero y su tiempo (valorando más lo segundo que lo primero), ¿no es que quiso regalarme un trocito de él?
Podría quitar el peluche de la gaviota de La sirenita que cuelga de la lámpara, pero estaría olvidando la primera vez que mi hermano fue de campamento. Podría quitar una muñeca llorona que ya no llora, pero estaría quitando mi ropa de bebé (porque lleva un jersey de cuando yo era bebé debajo de su ropa de muñeca); podría quitar los trotamusicos, pero olvidaría que Bea quitó las figuritas de su colección para dármelos cuando sabía que llevaba un montón de tiempo buscándolos, o un gato rosa horroroso que se llama Perico y que me regaló mi abuela, o Jose Luis, un oso grandote que era de mi hermano y que siempre hacía el papel de tontote cuando jugaba a ser maestra (y podría seguir hasta que os aburrierais vosotros y yo).
Son pequeñas cosas que significan grandes mundos.
Al fin y al cabo, yo no soy nada, pero estoy hecha de todos los trocitos de personas que me han ido marcando y me hacen ser (o me obligan en cierta manera a intentar ser) mejor persona cada día.
Y esta entrada, aunque suene tonto, me recordará a alguien que le pareció bonito que supiera decirle porque guardaba tantas cosas en mi cuarto… al fin y al cabo, tú también eres un trocito de mi.
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Ya que en el 2011 no hice propósitos para el año y no acabé muy contenta con el año... vamos a volver a hacer  propósitos a (in)cumplir este año.

1. Terminar el MIVCI.- Si no lo acabo este año, el #errordemivida quedará inacabado y no lo acabaré. Creo que ya llevo demasiado tiempo dándole vueltas.
2. Volver a la universidad- Todavía no sé muy bien que voy a estudiar (¿Geografía e historia? ¿Educación? ¿Antropología?) pero está claro que en septiembre "vuelvo al cole". Se aceptan sugerencias y opiniones.
3. Examinarme de C2- Sólo por curiosidad. Me da igual lo que diga un señor que sepa o no de inglés (porque los exámenes son bastante falsos pero bueno) pero cómo este año va a el año de quitarse miedos... pues allá vamos.
4. Examinarme de oposiciones.  Como parece que las van a convocar y no sabemos cuando volveran a convocarlas... pues lo intentaremos.
5. Dejar de morderme las uñas... o al menos intentarlo.
6. Ir de viaje. Con probabilidad a Escocia. Dado todo lo que he puesto en el 1 y en el 4, probablemente en agosto.
7. Estudiar otra lengua. No sé que lengua empezar a estudiar porque en Úbeda no hay mucha (ninguna oferta) pero tengo que ponerme a estudiar ya... que me estoy oxidando.
8. Conducir al menos una vez por semana. Con el miedo y la grima que me da el coche esto es una tortura... pero vamos a intentarla.
9. Comprarme una cámara de fotos.
10. Terminar de comprarme El Lobo solitario y su cachorro.
11. Tomarme un café sin prisas ni smartphones con quien se ofrezca voluntario.
12. Bajar a Málaga al menos dos veces.



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