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Llevo muchos años queriendo un Mac. Puede que fuera porque me hizo gracia Forrest Gump o alguna peli posterior en la que usaban un antiguo iMac, pero me gustaba el ordenador de la manzanica.
Hace unos años, en mi primer trabajo estuve trabajando con un iMac. Me enamoré de su sencillez y de su procesador de textos. Cualquier persona que ha trabajado con pages coinciderá conmigo que Word parece… hecho a retales.
Pero Mac tiene una gran desventaja: es caro. He estado tres veces a punto de comprarme un Macbook… y las tres veces me he echado atrás. Pero me he propuesto que esta vez es la mía. El 22 de abril me compraré un macbookito y se llamará Umagumma (en honor a mi querida Aurora Seldom y a cierto amante imaginario de Pink Floyd, conocido común).
¿Y por qué esta vez es la mía?
Básicamente porque mi vida es ir a trabajar y sentarme detrás de un ordenador a trabajar en cosas que a nadie le importan un carajo (siendo sinceros, ya creo que ni me importan a mi). Y además sin escapatoria posible. Así que bueno, ay que voy a llevar una vida de nerdito total…. Pues al menos un nerdito con clase, no? (Eso sí, yo me pienso seguir duchando a diario).
Así que ahora me toca investigar, la diferencia entre el Air y el Pro e ir preparando la tarjeta para el meneíto que voy a meterle y a hacer acopio de ibuprofeno para aguantar la jaqueca que me van a producir los berridicos de mi señora mamá.
Turning a page on the iPad - the beginning to the end of the mouse as the primary ostension mechanismphoto © 2010 Mike Baird | more info (via: Wylio)

Me gusta muchísimo leer. Ahora no leo tanto como quisiera porque tengo tantas cosas que apenas puedo dedicarle media hora al día (y obviamente robándosela al sueño), pero me encanta. Y además tengo mi wishlist de libros por leer, todos esos libros que quiero ir leyendo. Pública, es decir, colgada del tablón de corcho de mi cuarto de estudio, hay una lista que no supera los 10 (porque si hay más, me agobio) pero entre la lista privada (todos esos papelitos en los que anoto lo que quiero leer) y mi nota mental, puede que haya más de 100 libros que quiera leer. Y esa lista va en aumento.
Por ejemplo, ahora mismo se han unido a mi lista de deseos de lectura los libros de Wodehouse. El problema es que ya no tengo espacio. Tengo más de trescientos libros sólo mios (yo sóla supero los libros del resto de habitantes de mi casa) y sinceramente, aunque hay libros que no volveré a leer, me da muchísima pena regalarlos. Porque, en general, me han hecho pasar muy buenos ratos… Y otros porque fueron un desafio que tuve que abandonar y al que pienso volver a enfrentarme algún día (Joyce, no creas que pudiste conmigo).
Además, tengo muchísimas ganas de leer clásicos. Llevo años queriendo leer Guerra y Paz y Anna Karenina (me va lo light). Y nunca lo hago, porque ¿dónde almaceno todo eso?.
El caso es que cómo siempre, también sale mi amor por el cacharreo guay. Tengo en mi carrito de Amazon el kindle (con una funda preciosa) esperando que lo pague. Y el iPad me hace muchísimo tilín. Pero es que el Kindle me lo compraría por menos de 200 pavos, para el iPad tengo que trabajar más de medio mes para pagarlo.
Y yo sólo quiero leer, porque no tengo el Macbook (porque joroba, trabajar casi tres meses para comprarme un ordenador me da un algo), así que el iPad sería una chulada, pero una chulada limitada en uso. Que espero poder comprarme algún día un Mac, pues sí, mire usted… pero es que cada día tengo más claro que no me voy a ir de casa de mis padres hasta los cuarenta.
Así que ahí estoy, con mi segunda entrada de reflexión sobre los cacharritos, para evitar lanzarme a comprarlo (que es lo que estoy deseando) y luego arrepentirme. ¡¡Ahhh!!! ¿Qué narices hago?
Ayer estaba leyendo el blog de Maulita y escribió esto. Me pareció tan bonito que, con su permiso, os lo reproduzco en mi blog.

A veces sería fantástico que la vida fuera como un programa de ordenador.
Imagina por ejemplo cómo cambiarían las tareas más rutinarias y aburridas: la limpieza de la casa, afeitarte o depilarte, sacar la basura o lavarte los dientes, conducir hacia el trabajo o el largo trayecto en el autobus hacia la universidad...Con un simple "copypaste" sólo tendrías que realizarlas una vez; al día siguiente se repetirían de forma automática.

La función "cortar" valdría para deshacete fácilmente de la charla del jefe, el rollo de la vecina pesada que te cuenta su vida aunque no quieras escuchar o suprimir esos minutos interminables en que parece que la hora de salir de clase o la oficina no llega nunca...

Tampoco estaría mal poder "deshacer cambios". Cuando metieras la pata, dijeras algo inconveniente o te precipitaras en alguna decisión... teclearías "Ctrl+Z" y...¡como si no hubiera ocurrido!
¿Que tienes el día tonto, estás hecho polvo o un poco "espeso"?, te reseteas o te reinicias y tu mente se despeja y sientes tu cuerpo lleno de energía.
Y no digamos lo útil que podría ser la "papelera de reciclaje" para deshechar todas las cosas desagradables de la jornada, tus temores, los problemas, las enfermedades...
Salvando y archivando las cosas buenas en tus carpetas personales, nunca las perderías ni olvidarías y siempre podrías volver a disfrutarlas con un simple "explorar" o haciendo doble click en el archivo correspondiente...

Claro que también habría grandes inconvenientes....Los virus podrían ser muy peligrosos.
Un hacker experimentado lograría descubrir tus secretos mejor guardados o robar tus ideas. Podrían copiarte ilegalmente y redistribuirte...
Pero quizás lo peor peor de todo sería que el "programa" se quedara colgado o se reiniciara justo cuando estás en lo mejor de una buena experiencia o... ¡un momento romántico!...¡¡Y sin haber podido guardar cambios!!
Stacking books until...photo © 2009 Alexandre Dulaunoy | more info (via: Wylio)

El otro día, estaba hablando con @allthose. Le decía que hacía años que no leía tan poco. Bueno, luego ambos tuvimos que matizar: creo que nunca he leído tan pocos libros.
Lo cierto es que la mayoría de la información que recibo hoy en día viene de forma digital. Internet me ofrece muchísima información, a mucha de la cual no tendría otra forma de acceder si no fuera a través de la red, y mucho más actualizada. Muchos manuales que puedo leer hoy en día, se desfasan muy rápidamente.
Internet me ofrece además la oportunidad de leer lo que opina la gente a través de sus blogs, y podré estar de acuerdo o en desacuerdo, creo que nunca hubiera podido compartir mi opinión con tanta gente.
Sin embargo, hay algo que me cuesta mucho trabajo, y es pensar en leer novelas, comics y mangas en algo que no sea papel (y realmente por cuestión de espacio debería empezar a pensarlo). Aunque sea poquito, tengo el vicio (más o menos sano) de leer un poquito antes de irme a dormir. Ahora mismo tengo El jinete polaco en relectura, pero por mi mesita pasan comics, mangas, novelas… en fin, un montón de cosas. Leer un poquito antes de irme a dormir me ayuda a hacerlo, y para alguien a quien le cuesta tanto pillar últimamente el sueño como a mí eso es un logro.
El caso es que todo este rollo viene a mi dilema por comprarme un libro digital o no. Una parte de mi está deseándolo (mi parte amante del cacharreo guay), otra parte de mi piensa que con la cantidad de libros en papel que tengo por leer, ¿qué narices hago pensando en un libro digital?...y la última parte de mi piensa…¡¡nena, ahorra y cómprate un iPad!!
Así que así va mi vida del cacharreo guay, y eso que apenas tengo tiempo para pensar en esto, porque ¿Quién me mandaría a mi meterme en todos los fregados en los que me meto?
Pero eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.
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