De un tiempo a esta parte, cuando tengo que desearle a alguien suerte, suelo regalarle ositos de gominola. Es unacostumbre un tanto idiota... pero que pienso mantener.
¿Quereis saber lo qué significan para mi los ositos de gominola?
Los ositos de gominola me recuerdan, os recuerdan, que teneis magia en vuestro interior... que sólo tenéis que creerlo, que sacarla y brillar...
¿La explicación? Leo fanfics desde hace unos 7 años (joroba cómo pasa el tiempo). Mi fanfic favorito, el que releo cuando estoy triste es My name is Severus (de hecho me gustó tanto que estuve un tiempo intercambiando emails con Silverfox).
Así, que si os ofrezco ositos de gominola (o quiero tener un erizo y llamarlo Greenie), ya sabeis la razón
PD: Bienvenidos Fred C. Robinson y Diego Sobrino a mis pequeñas Cenizas
Sé que Oscar Wilde no pasará a la historia como poeta... pero a mi la Balada de la cárcel de Reading me sigue pareciendo estremecedora.
Balada de la cárcel de Reading
A la memoria de C. T. W. antiguo soldado de la Guardia Real de Caballería. Muerto en el Presidio de Reading, Berkshire, 7 de julio de 1896:
I
No vistió su chaqueta escarlata porque el vino y la sangre ya son rojos, y sangre y vino había en sus manos cuando lo hallaron con la muerta, la pobre que él amó y a quien en su lecho asesinara.
Caminó entre los jueces vistiendo el gris raído con gorra en la cabeza y paso alegre y leve. Pero jamás vi a nadie que mirara el día con igual ansiedad.
Jamás vi a nadie que mirara con ojos tan ansiosos la pequeña tienda azul que los presos llaman cielo, y a cada nube fugitiva que cruzaba con velamen de plata.
Confinado en otros patios con otras almas en pena me preguntaba si había hecho algo grande o algo insignificante, cuando una voz me susurró al oído «ese hombre va a la horca».
¡Cristo! Los muros de la prisión de pronto parecían tambalearse y sobre mi cabeza era el cielo un casco de quemante acero. Y aunque era yo un alma en pena, mi pena sentir no podía.
Supe qué pensamiento perseguido su paso apresuraba; supe por qué miraba el día brillante con ojos tan ansiosos. Había matado aquello que él amaba y tenía que morir.
* * * * *
Y sin embargo, cada hombre mata lo que ama. Que todos oigan esto: unos lo hacen con mirada torva otros con la palabra halagadora; el cobarde lo hace con un beso, con la espada el valiente.
Matan algunos el amor de joven y otros cuando viejos; estrangulan algunos con manos de lujuria, otros con manos de oro: el más amable usa el puñal para que el frío llegue antes.
Aman algunos poco tiempo, largamente otros. Hay quienes compran y también quienes venden. El acto es cometido a veces en el llanto y otras sin un suspiro. Pues todos matan lo que aman; pero no todos mueren.
No muere una muerte de vergüenza un día de desgracia oscura; ni nudo al cuello en la garganta lleva ni paño sobre el rostro; ni caen los pies primero por el piso al espacio vacío.
* * * * *
No se sienta con hombres silenciosos que lo vigilan noche y día, que lo vigilan cuando busca el llanto y también cuando busca la plegaria. Que lo vigilan; no sea que él mismo robe de la prisión la presa.
No se despierta al alba para ver formas temibles en tropel por la celda: el aterido Capellán en su túnica blanca, el Alguacil adusto en su tristeza, el Director en esplendente traje negro y el amarillo rostro del Desastre.
No se apresura en prisa lamentable a vestir el ropaje del convicto, y un Doctor mordaz se regodea notando el tic nervioso de cada pose nueva; y en la mano un reloj cuyos tictacs son como horribles golpes de martillo.
No conoce la sed brutal que lija la garganta antes de que el verdugo se deslice con guantes de jardín por la puerta acolchada, y lo ate con tres correas para apagar por siempre la sed de la garganta.
No baja la cabeza para oír la lectura del oficio mortuorio, mientras el temor de su alma le dice que no está muerto; ni se cruza con su propio ataúd al acercarse al cobertizo horrible.
Ni mira fijamente el aire por un techo de vidrio; ni reza con labios de arcilla porque termine su agonía; ni siente en su mejilla vacilante el beso de Caifás.
II
Seis semanas nuestro soldado dio vueltas por el patio, vistiendo el gris raído, con gorra en la cabeza y paso alegre y leve. Pero jamás vi a nadie que mirara el día con igual ansiedad.
Jamás vi a nadie que mirara con ojos tan ansiosos la azul tienda pequeña que llaman los presos cielo y a cada nube arrastrando sus enredados vellones.
No retorció las manos como lo hacen los necios que se atreven a alentar a la Esperanza retadora en la misma cueva oscura de la Desesperación: Miró hacia el sol solamente y bebió el aire matinal.
No retorció las manos ni lloró ni miró furtivamente o languideció; sino bebió el aire como si allí encontrara saludable calmante; la boca abierta bebió el sol como si fuera vino!
Y yo y todas esas almas en pena que caminaban en el otro patio olvidamos si nosotros mismos habíamos hecho algo grande o algo insignificante, y contemplamos con asombro torpe al hombre al que iban a colgar.
Pues era extraño verlo así pasar con paso tan alegre y leve, y extraño era verlo contemplar con tal ansiedad el día. Y pensar era también extraño en esa deuda que pagar tenía.
* * * * *
El olmo, el roble tienen bellas hojas que brotan en la primavera: pero era horrible ver el árbol del cadalso con la raíz mordida por las víboras, y, verde o seco, debe morir un hombre antes de dar su fruto.
El lugar más exaltado es ese trono de gracia al que aspira todo el mundo. ¿Pero quién se erguiría en correa de cáñamo en el alto patíbulo y echaría a través de collar asesino su última mirada al cielo?
Dulce es bailar al ritmo de violines cuando la vida y el amor son justos; y extraño y delicado al ritmo de laúdes y de flautas; mas no hay dulzura cuando un ágil pie baila en e aire.
Así, con curiosos ojos y aprehensión oscura lo observamos día a día, preguntándonos, si cada uno de nosotros terminaría de manera igual, pues nadie puede decir en qué Infierno rojo su alma ciega extraviarse podría.
Por fin, el hombre muerto cesó de caminar entre los Jueces, y supe que estaba de pie en el negro redil del acusado y su rostro jamás vería otra vez en bienestar o desastre.
Cual barcos condenados que en la tormenta se cruzan nuestras rutas se habían encontrado: no hicimos gesto alguno, no dijimos palabra, y no había palabra que decir; pues no nos encontramos en la noche sagrada sino en día de vergüenza.
Un muro de prisión nos envolvía y éramos dos parias; nos arrojara el mundo de su corazón y Dios de su cuidado: la trampa de hierro nos había atrapado, aquella que el Pecado siempre espera.
III
En el Patio de los Deudores son duras las piedras, húmedo el alto muro, y cuando tomaba el aire bajo el cielo plomizo a cada lado un guardia caminaba para que el hombre no muriera.
A veces se sentaba con esos que guardaban su angustia día y noche; con quienes lo guardaban al llorar y al arrodillarse para el rezo. Con quienes lo guardaban, no sea que robara la presa del patíbulo.
El Director era inflexible en aplicar las disposiciones de la Ley; el Doctor afirmó que la muerte era un acto científico; y dos veces al día lo visitaba el Capellán y dejaba su pequeño folleto.
Y dos veces al día fumaba su pipa y bebía su cuarto de cerveza; su alma en actitud resuelta no dejaba escondrijo para el miedo. A menudo decía estar contento de que el día del verdugo se acercara.
Pero por qué decía cosa tan extraña ningún guardián osaba preguntar; pues quien asume la misión de guardián debe sellar sus labios y transformar en máscara su rostro.
De lo contrario, podría conmoverse, podría tratar de dar consuelo: ¿Y qué podría lograr la Piedad Humana acorralada en un Hoyo de Asesinos? ¿Qué palabra de gracia en tal lugar podría ayudar el alma de un hermano?
* * * * *
Cabizbajos por el ruedo hicimos el Desfile de los Locos. Nada nos importaba: sabíamos bien que éramos la Brigada del Diablo, y con cabeza rapada y pies de plomo nos prestamos a la alegre mascarada.
Desgarramos la cuerda alquitranada con uñas romas, sangrantes; frotamos las puertas, fregamos los pisos y pulimos los barrotes brillantes; y madero tras madero el tablón jabonamos entre el estruendo de los cubos.
Cosimos los sacos, rompimos las piedras y trabajó el taladro polvoriento: golpeamos las latas y gritamos los himnos, y sudamos en el molino, mas en el corazón de cada hombre quieto yacía el terror.
Y se hallaba tan quieto que cada día se arrastraba cual ola sofocada por algas; y olvidamos nuestro destino amargo que espera por igual a pillo o necio, hasta que una vez, volviendo del trabajo con andar pesado pasamos junto a una tumba abierta.
Con bostezo feroz el amarillo pozo a bocanadas parecía pedir algo viviente y aun el barro mismo clamaba por la sangre al ruedo de sediento asfalto. Sabíamos que antes que cierto alba aclarara un preso habría de ser colgado.
Y entramos con el alma absorta en Muerte y Sueño y Hado. El verdugo con su valijita arrastraba los pies en la penumbra; yo temblaba, a tientas en camino hacia mi tumba numerada.
* * * * *
Esa noche los vacíos corredores se llenaban de formas del Temor, y por toda la ciudad de hierro había pasos furtivos que no oíamos y a través de las barras que esconden las estrellas parecían asomarse caras blancas.
Yacía como quien soñase en prados placenteros. Los guardias en custodia de su sueño no podían comprender que alguien durmiera ese sueño dulce tan cerca de un verdugo.
Pero no hay sueño cuando debe haber llanto en quien nunca ha llorado. Y nosotros -el necio, el pillo, el impostor-, quedamos en vigilia interminable, y en cada seso en manos del dolor el terror de otro hombre se insinuaba.
¡Ay, es algo tan terrible sentir la culpa de otro! La Espada del Pecado penetraba hasta su empuñadura envenenada y nuestras lágrimas eran de plomo derretido pues la sangre no habíamos nosotros derramado.
Los guardias con calzado de felpa se acercaban a cada puerta cerrada con candado y atisbaban con ojos consternados grises figuras en el suelo, preguntándose por qué se arrodillaban a rezar quienes jamás antes rezaran.
¡Rezamos toda la noche arrodillados, insensatos dolientes de un cadáver! Las agitadas plumas de medianoche agitaron las plumas funerarias. Y como el vino amargo de la esponja era el sabor del arrepentimiento.
* * * * *
El gallo gris cantó, cantó el gallo rojo mas el día no llegó: formas torcidas del Terror se agazaparon por los rincones donde yacíamos y cada espíritu maligno que vaga por la noche se nos aparecía.
Pasaban deslizándose, ligeros cual viajeros en velo neblinoso; se mofaban de la luna bailando un rigodón de vueltas y pasos delicados, y con ritmo formal y gracia repugnante los fantasmas acudían a su cita.
Con mueca consternada los miramos pasar, esbeltas sombras tomadas de la mano; giraron y giraron en grupos fantasmales y bailaron allí la lenta zarabanda: ¡Condenados grotescos hicieron arabescos como el viento en la arena!
Y con piruetas como de marionetas sus pasos afilados tropezaron; llenaron los oídos con las flautas del Miedo en esa horrible mascarada, y a toda voz cantaron mucho tiempo pues cantaban para despertar los muertos.
«¡Oh!», cantaban, «¡ancho es el mundo pero cojean las extremidades aherrojadas! Y tirar los dados una vez o dos veces, es juego caballeresco pero no gana jamás quien con el Pecado juega en la secreta Casa de la Vergüenza.»
No eran cosas de aire esas bufonadas que con tal júbilo retozaban para hombres con vidas en grilletes, cuyos pies jamás serían libres. ¡Ah! ¡Por las heridas de Cristo! Eran algo viviente y algo horrible de ver
Girando y girando devanaron el vals, dieron vueltas algunos en parejas sonrientes; con el paso afectado de un viajante, algunos se acercaron con sigilo al peldaño y con burla sutil y mirar de malicioso servilismo todos ayudaron a decir nuestras preces.
Comenzó su lamento el viento matinal pero la noche continuó; en su enorme telar la red de la tristeza se extendió hasta que cada hebra fue hilada: y al rezar, nuestro miedo creció ante la justicia del sol.
Vagó con su lamento el viento por los muros llorosos de la cárcel. Hasta que como rueda de acero giratorio sentimos los minutos que avanzaban a rastras: ¡oh, viento clamoroso! ¿Qué habíamos hecho para merecer tal alguacil?
Al fin pude ver los barrotes sombreados cual enrejado que forjado en plomo se moviese por el muro blanqueado frente a mi camastro de tablas y supe que en un lugar del mundo era roja el alba horrible de Dios.
Limpiamos nuestras celdas a las seis, todo era calmo a las siete, pero el susurro y el vaivén del viento colmaba la prisión: con su aliento helado el señor de la Muerte había entrado a matar.
Y no pasó en purpúreo esplendor ni montó corcel de blanco lunar. Tres yardas de cuerda y un tablón es lo que la horca necesita: y así con cuerda de vergüenza el Heraldo llegó a perpetrar la acción secreta.
Éramos como hombres que a través de un pantano de inmunda oscuridad a tientas van. No osamos murmurar una plegaria ni tampoco alentamos nuestra angustia, algo muerto se encontraba en nosotros y eso muerto era la Esperanza.
La justicia del hombre inexorable avanza y no habrá de apartarse: mata al débil, mata al fuerte en mortífera zancada: ¡mata con taco de hierro el monstruoso parricida!
Esperamos que sonaran las ocho. Con la lengua hinchada por la sed pues el octavo golpe era el Destino que hace a un hombre maldito. Y usará el Destino un nudo corredizo para el hombre mejor y para el peor.
Nada teníamos que hacer, sólo esperar que la señal llegara. Así como piedras en valle solitario mudos e inmóviles quedamos; pero cada corazón latía agitado e intenso, cual tambor de un demente.
En súbita conmoción el reloj de la prisión golpeó el aire estremecido y de toda la cárcel una queja se elevó de impotente desespero. Como el gemido que oyen pantanos asustados de algún leproso en su cueva.
Y como quien ve algo horrible en el cristal de un sueño, vimos la soga de cáñamo grasiento que montaba la viga ennegrecida y escuchamos el rezo que el nudo del verdugo estrangulara hasta que fuera un grito.
Y toda la aflicción lo conmoviera tanto que soltó un grito amargo; y los locos pesares, los sudores sangrientos nadie los conocía como yo: quien vive más de una vida muere más de una muerte.
IV
No hay capilla esos días cuando cuelgan a un hombre: el corazón del Capellán está demasiado enfermo o su rostro demasiado macilento, o hay algo escrito en sus ojos que nadie debería ver.
Así, nos tuvieron encerrados hasta casi el mediodía y sonaron entonces. las campanas. Los guardias con llaves tintineantes abrieron cada celda atenta, con estrépito bajamos la escalera de hierro dejando cada uno su separado Infierno.
Salimos al dulce aire de Dios mas no del modo acostumbrado, pues este rostro estaba blanco de miedo y aquél estaba gris; jamás hombres tristes vi mirar el día . con ansiedad igual.
Jamás hombres tristes vi que miraran con ojos tan ansiosos la azul tienda pequeña que los presos llamamos cielo y cada nube indiferente que pasaba en libertad tan feliz.
Pero algunos de nosotros que íbamos cabizbajos bien sabíamos que habríamos elegido la muerte si hubiéramos podido. Mató él algo viviente, ellos mataron lo que estaba muerto.
Pues quien peca una segunda vez despierta un alma muerta al dolor, sácala de su mortaja manchada y hace que sangre otra vez, la hace sangrar a borbotones ¡y hace que sangre en vano!
* * * * *
Como mono o payaso en atuendo monstruoso y con flechas torcidas adornados dimos vuelta tras vuelta silenciosos por el asfalto resbaladizo del patio. Silenciosos marchamos vuelta tras vuelta y nadie pronunció palabra.
Marchamos silenciosos y en cada mente vacía el recuerdo de algo horrible pasó como un vendaval y el Horror acechaba a cada hombre y detrás el Terror se arrastraba sigiloso.
* * * * *
Los guardias se pavoneaban en idas y venidas cuidando sus rebaños de brutos; llevaban uniformes impecables o vestían los trajes de Domingo; sabíamos dónde habían estado: la cal viva manchaba sus zapatos.
Pues donde ancha sepultura antes se abriera no quedaba más tumba. Sólo un tramo de arena y barro junto al horrible muro y un cúmulo de cal ardiente como su paño mortuorio.
Pues tiene una mortaja ese desafortunado como muy pocos pueden reclamar: en lo profundo, bajo el patio de una prisión, desnudo, para mayor vergüenza, yace con los pies aherrojados envuelto en una sábana de llamas.
Y todo el tiempo la cal ardiente devora carne y hueso, devora frágiles huesos en la noche y carne blanda de día; alterna carne con hueso; pero siempre devora el corazón.
* * * * *
Tres largos años estarán sin sembrar, sin plantar o cultivar allí; y por tres largos años el lugar infeliz será estéril, baldío, y mirará el cielo perplejo, con mirar sin reproche.
Piensan que el corazón de un asesino infectaría cada semilla inocente que plantaran. ¡No es verdad! La tierra bondadosa de Dios es más generosa que lo que los hombres imaginan; la rosa roja florecería más roja y más blanca la blanca.
¡De su boca saldría una rosa muy roja y de su corazón una muy blanca! Pues, ¿quién puede decir de qué extraña manera Cristo saca a la luz Su voluntad desde que el cayado estéril que portó el peregrino floreciera a la vista del gran Papa?
Pero ni a la nívea rosa blanca ni a la roja es permitido florecer en el aire de la prisión; pedazos de loza, guijarros, pedernal es lo que aquí nos dan: pues sabido es que las flores pueden restañar del desaliento al común de las gentes.
Por eso, jamás la rosa roja ni la blanca caerá pétalo a pétalo en ese barro, esa arena junto al horrible muro de la cárcel, para decir a quienes dan pesadamente vuelta por el patio que el Hijo de Dios murió por todos.
* * * * *
Y, sin embargo, aunque el horrible muro lo cerca por cada lado y un espíritu no puede caminar de noche cuando se halla aherrojado, y puede sólo llorar cuando yace en tierra no consagrada,
está en paz -este hombre desgraciado-, en paz, o pronto lo estará: nada hay que ya pueda enloquecerle, ni camina el Terror a mediodía porque la tierra oscura en que yace no tiene ni Sol ni Luna.
Como a bestia lo colgaron; ni hubo siquiera un réquiem que tal vez trajera paz a su alma sobrecogida. Apresuradamente lo sacaron y lo escondieron en un hoyo.
Los guardias lo desnudaron, lo entregaron a las moscas: se mofaron de la garganta grana e inflamada, y de los ojos que miraban rígidos. Entre risotadas le echaron el sudario en el que yace el convicto.
El Capellán no se arrodilló a rezar junto a su tumba deshonrada: ni la marcó con esa Cruz bendita que Cristo dio a los pecadores, pero era el hombre de aquéllos por quienes Cristo descendiera.
Pero todo está bien; solamente ha llegado hasta el límite que la vida ha fijado y lágrimas extrañas llenarán para él esa urna de piedad tanto tiempo destrozada. Quienes por él están desconsolados serán parias y los parias jamás hallan consuelo.
V
No sé si son Leyes justas o Leyes equivocadas; sabemos quienes estamos en la cárcel que el muro es muy poderoso, y que cada jornada es como un año de interminables días.
Pero hay algo que sé; sé que toda Ley que los hombres han concebido para el Hombre, desde que el primero quitara la vida al hermano y así el triste mundo comenzara, desecha el trigo y la paja retiene con los aventadores más perversos.
Y esto también sé -y sabio sería que todos lo supiéramos- que cada prisión que los hombres erigen está construida con ladrillos de vergüenza y cercada con rejas no sea que Cristo pueda ver cómo los hombre mutilan a sus hermanos.
Con barrotes ocultan la luna clemente y ciegan el sol bienhechor: y bien hacen escondiendo tal Infierno pues allí se cometen tales actos que ni Hijo de Dios ni hijo de hombre jamás debería contemplar.
* * * * *
Los actos más viles, cual hierbas venenosas crecen lozanos en el aire de la prisión. Sólo aquello que en el hombre es bueno allí se arruina y se marchita: la pálida angustia guarda el pesado portal y el guardián es la desesperación.
Hambrean al niño aterrado hasta que llora noche y día; azotan al débil y flagelan al necio; se mofan del viejo ceniciento y algunos enloquecen, y todos se malogran y nadie puede pronunciar palabra.
Cada celda angosta que habitamos es una oscura letrina maloliente y cada apertura que cierran las barras es fétido aliento de Muerte viviente; y todo, menos la lascivia, se reduce a polvo en la máquina Humana.
El agua salobre que bebemos lleva una baba nauseabunda el pan amargo que en las balanzas pesan está lleno de cal y el sueño no se acuesta jamás, camina con ojos desorbitados y llora al Tiempo.
* * * * *
Pero aunque el Hambre magro y la verde Sed luchan como víbora con áspid, poco nos interesa la pitanza carcelaria; porque aquello que enfría y mata por completo es que cada piedra levantada de día se torna en corazón de noche.
Con la medianoche siempre en el corazón y el crepúsculo en la celda damos vuelta el manubrio o desgarramos la cuerda cada uno en su Infierno separado. Y es más terrible el silencio que el estrépito de cínica campana.
Jamás se acerca voz humana para decir una palabra amable: y el ojo que por la puerta espía es duro, sin misericordia. De todos olvidados nos pudrirnos con cuerpo y alma mancillados.
De tal modo herrumbramos la cadena de la Vida, solitaria, degradada, Y algunos hombres maldicen y otros lloran; los hay que no profieren lamento. Pero la eterna Ley de Dios es bondadosa y rompe también el corazón de piedra.
* * * * *
Y todo corazón que se destruye en la celda o en el patio de la prisión es igual que esa caja destruida que rindió sus tesoros al Señor y que llenó la casa impura del leproso con la fragancia del nardo más preciado.
¡Oh! Felices son los corazones que se rompen y ganan la paz que da el perdón. ¿De qué otro modo puede el hombre ordenar su vida y purificar su alma del Pecado? ¿Cómo si no por destrozado corazón puede Cristo Señor hallar su ingreso?
* * * * *
Y aquél de la inflamada y púrpura garganta, el de los ojos desorbitadas aguarda las manos sagradas que llevaron Ladrón al Paraíso. Y un destrozado corazón contrito el Señor no habrá de despreciar.
El hombre que vestido de rojo lee la Ley otorgóle tres semanas de vida, tres semanas cortas solamente para restañar su alma de todas sus contiendas y limpiar de cada mancha de sangre la mano que sostuvo el puñal.
Y con lágrimas de sangre limpió la mano que sostuvo el acero, pues tan sólo la sangre sangre limpia y tan sólo las lágrimas restañan; y aquella roja sangre que fuera de Caín tornóse en níveo sello de Jesús.
VI
En la Cárcel de Reading, junto a la ciudad de Reading se encuentra un pozo de vergüenza en el que yace un desgraciado por dientes de fuego devorado. Yace en mortaja llameante y está su tumba sin nombre.
Y allí, hasta que Cristo llame a los muertos, que en silencio descanse. No es necesario gastar lágrimas necias o entregarse a suspiros profundos: el hombre había matado lo que amaba y tenía que morir.
Y todos matan lo que aman, que todos oigan esto; algunos lo hacen con mirada torva otros con la palabra halagadora, el cobarde lo hace con un beso, ¡con la espada el valiente!
Hoy es el día del orgullo friki, el día de la toalla...
Y hoy vengo a confesar que me gusta ser friki, que me gusta ser rara...
Me gusta pensar diferente, porque me ha hecho ser tolerante, porque me ha hecho ser curiosa, porque me ha hecho conocer a gente fantástica, porque me ha hecho comprender que no tengo que rendirme nunca...
Se lo he copiado a Aurora Seldom. A mi no me gustan las matemáticas, pero reconozco que es genial (cómo todo lo que ella escribe) así que lo dejo aquí.
Día del Orgullo Friki 2010
25 de mayo
Hoy 25 de mayo es el V Día del Orgullo Friki en conmemoración al 33º aniversario del estreno de Star Wars la obra del friki por excelencia, George Lucas.
El Día del Orgullo Friki es una iniciativa popular que intenta reivindicar el derecho a ser friki de cualquier persona que lo desee. En él festejamos nuestro derecho de ser así y nuestro orgullo al reconocerlo. Porque frikis habemos muchos, a veces semiocultos en la burocracia de las empresas, en los laberintos académicos de las universidades o en las recónditas profundidades de la Red. A menudo somos muy buenos empleados; seres creativos, con esa perspectiva de un mundo en el que cualquier cosa es posible con un poco de imaginación.
Los frikis somos fans de la tecnología, la fantasía, la ciencia ficción, los comics, los mangas o los videojuegos. No es raro que nos interesemos por matemáticas, física, programación, diseño web, lenguas muertas o inexistentes (como el élfico). Tampoco es raro que seamos autoridades en nuestras aficiones favoritas, ni que les dediquemos muchas horas al día completamente gratis y por el puro placer de hacerlo.
Nos importan detalles como la ubicación de la Segunda Fundación, el éxodo de los elfos a Valinor, la cicatriz que se hizo Anakin Skywalker o las propiedades físicas de los espermatozoides de Superman.
Tenemos derecho a soñar con ese beso que Aragorn nunca le dio a Legolas, a escribir fanfiction hasta que nos duelan las manos, a pasar noches en vela leyendo o diseñando nuestra página web, blog, Facebook o lo que sea; a vestirnos como nuestro personaje favorito, a creer en los vampiros, en los zombies y en los hombres lobo.
Tenemos tanto derecho como otros lo tienen a gritar como locos, con el rostro pintado y una bandera en las manos, en un estadio aclamando a un equipo de fútbol. Tenemos tanto derecho como lo tienen los políticos cuando suben a un estrado a soltar discursos que esperan que les creamos. Tenemos tanto derecho como los predicadores que se paran en cada esquina y proclaman a voz en cuello su credo. Sí, tenemos tanto derecho como cualquiera que disfruta con lo que hace.
Ser friki es algo muy personal que no se puede imitar: está en nuestra naturaleza la curiosidad de investigar e informarse por el puro gusto de hacerlo, de dudar de las cosas que otros dan por sentadas y de mover al mundo en nuestro sencillo modo, simplemente por verlo distinto a como lo miran los demás.
Nos hemos congregado gracias al Internet, y aunque muchas veces no nos hemos visto nunca, nos conocemos mejor que muchas personas a quienes vemos todos los días.
Nosotros existimos sin hacer daño a nadie. Existimos sin color ni credo ni nacionalidad, en este gran mundo en el que todos tienen derecho a tener su espacio.
Por eso en este día quiero decir alto y claro:
¡Me gusta la ciencia ficción! ¡Me gustan los comics de Marvel! ¡Me gusta la física y las matemáticas! ¡Me gusta hacer arte en 3D! ¡Me gusta el slash/yaoi por sobre todas las cosas, aunque sea políticamente incorrecto!
Y como este es el año de las series: Amé Battlestar Galactica, V: Invasión Extraterrestre, El Auto Fantástico. Amo X-Files, Millennium, Lost, Doctor Who, Torchwood, Numb3rs y Dune.
¿Que los demás no nos entienden? Qué importa. Los frikis nacen, no se hacen.
La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.
Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.
Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.
De ahí la frase que se ha incorporado a la jerga del autoestopismo: «Oye, ¿sass tú a ese jupi Ford Prefect? Es un frud que de verdad sabe dónde está su toalla». (Sass:conocer, estar enterado de, saber, tener relaciones sexuales con; jupi: chico muy sociable; frud: chico sorprendentemente sociabilísimo.)
Douglas Adams, La Guía del Autoestopista Galáctico
Estaba yo estudiando fonética (o vamos, haciendo cómo que estudiaba... porque eso no lo entiende nadie) y leí en twitter:
Recopilo información,definiciones,opiniones,sobre concepto #avatar (no la película,sino la imagen q nos identifica en redes).¿Alguien ayuda? (@pvil)
Total, que cómo no tengo nada mejor que hacer (¿de verdad alguien sabe que es una affricate y en qué se diferencia de una fricative?) pues me he parado a pensar… ¿cómo son mis avatares?
A este le tengo mucho cariño. Es una foto que me sacó Döerte estando en Tartu. Sé que en la foto no lo parece pero tenía un gripazo de la hostia. Escogí esta foto para ser mi primer avatar en mi primera red social (myspace) [de hecho, en myspace es el único avatar que tuve porque nunca lo cambié.] ¿Por qué escogí esta foto? Basicamente porque creo que tenía mucha irónia. En primer lugar, se me veía durmiendo (cuando mucha gente sabe que aunque cuando me quedo sopa no hay quien me despierte, siempre tengo mil problemas porque por la noche casi nunca tengo sueño); en segundo lugar porque estoy rodeada de rosa... y yo siempre voy de negro... pero creo que sobre todo la escogí porque parecía que estaba soñando. Y no sé porque, pero muchas veces me gustaría pensar de mi misma como una soñadora (total, no voy a ser otra cosa en la vida).
En twitter fui cambiando muchas veces de imagen, creo que esta estuvo mucho tiempo. Luego puse esta. Esta no tiene mucha explicación... No me gusta hacerme fotos. Siempre salgo fatal y feisima (ya se sabe que dónde no hay no se puede sacar). Pero de vez en cuando, y muy de vez en cuando sale una foto en la que no salgo fatal. Creo que esta es una de ellas. La saqué el día de mi cumpleaños, en el colegio mayor. Cumplía 22.
Un día, de buenas a primeras me encontré que me habían potachovizado con esa misma foto, así que ese es mi avatar ahora en twitter.
Me gusta tener ese avatar porque me hace sentirme miembro de un grupo (sí, es una razón un poco idiota). Pero de cierto modo, cuando veo la imagen de alguien que está potachovizado me siento obligada moralmente a ayudar si puedo, porque en cierto modo pienso que ellos lo harían conmigo (aunque no os preocupeis, siempre que pueda echar una mano, la echaré, esteis potachovicos o no).
En facebook cambio mucho de imagen, supongo que por aburrimiento. Sin embargo ahora mismo tengo esta foto. El montaje me lo regaló alguien del BJDoll (creo que nekomin pero no estoy segura). Decía que le hacía mucha gracia que con lo borde y empollona que era (en lo de borde estoy de acuerdo, discrepo en lo de empollona), en el fondo era un ser adorable y kawaiitoso.
Finalmente y aunque no cumple los requisitos de la pregunta
inicial, esta V de Vendetta es mi avatar en el messenger. ¿Por qué? Bueno, porque juega con V de Vendetta y de Vimpela (y hay veces que pienso que me valdría más la pena ser vimpela que no Lui) y porque V es un personaje que me encanta, porque no me avergüenzo cuando digo que siempre que leo V de Vendetta pienso que lo último que hay que perder es la esperanza... No sé... es una razón un poco tonta... pero bueno.
Y vosotros, ¿cómo escogeis vuestros avatares?
PD: No he visto Avatar de James Cameron, no creo que la vaya a ver, pero por lo que he leido de ella mi opinión es que es Pocahontas con un filtro azul.